miércoles, 25 de marzo de 2009

De lo que recuerdan

De lo que recuerdan:

Recuerdos, remembrances, souvenirs, erinnerungen, ricordi, muitot…


1. Parece que fue ayer.
Lo estoy viendo, pequeño y rápido, moreno de cara, de facciones agudas. Siempre caminaba arrastrando un poco los pies, y fumaba, sí, fumaba constantemente; puedo decir que nunca lo he visto sin un cigarrillo en los labios.
También llevaba un paquete de repuesto en el coche, decía que el coche también fumaba, por eso siempre había una cajetilla en la guantera.



2. Era muy conversador, siempre tenía algo interesante que contar. Hablaba con todo el mundo, incluso con un perro que había adoptado. Nos preguntábamos qué hacía viviendo solo un conversador como él, pero es verdad que su perro le hacía compañía.

3. Era lo que se puede llamar una persona “listeja”, sí, de esas que todo lo cazan al vuelo. No se le pasaba ni una. Sabía perfectamente adónde quería llegar, y eso que tenía una pinta de indefenso, pero era una de sus triquiñuelas para hacerse notar.

4. Al principio cuando lo conocimos, tenía tics. Uno de ellos consistía en frotarse la nariz constantemente, parecía que fuera a estornudar, pero nunca lo hacía. También se pasaba la manga de la chaqueta por los labios después de comer, era un poco marrano, la verdad.


5. Contaba mentiras constantemente. Decía que eran doce hermanos, cuando en realidad era hijo único. Ya no distinguía entre lo que era verdad o mentira. No tenía ninguna foto suya, las había quemado todas.


6. Era disléxico, pero a él le divertía y se lo decía a todo el mundo.


7. Siempre llevaba puestas unas gafas de sol, de esas que impiden ver el trasfondo. Nunca sabías si te miraba o no, eso no me gustaba nada. Me ponía nerviosa.


8. Era amable con todo el mundo, hacía todo lo posible por quedar bien. Nunca habría podido vivir con una persona así, era el tipo de gente encantadora por fuera, pero duro y egoísta en casa.


9. Seguía leyendo libros de Asterix y Obelix, tenía toda la colección. De vez en cuando, entre charla y charla, soltaba una exclamación del tipo: ¡por Belenos, están locos esos romanos! o esa tan conocida del jefe galo Abraracurcix: ¡el cielo se va a desplomar sobre nuestras cabezas!


10. Le gustaba trabajar durante cinco o seis horas seguidas. Ponía el despertador a las 5 de la mañana. Decía que no necesitaba más que tres horas. Nunca lo vi bostezar. Pensaba que eso del sueño era una construcción social. Él había hecho mucho yoga de pequeño, quizás era una ayudita para mantenerse despierto todo el día

11. De los periódicos, sólo le interesaban dos cosas: la programación de televisión y el horóscopo, aunque a veces se interesaba por saber cuál era la temperatura en otros países.

12. Mantenía la sana costumbre de mezclar la risa y el alcohol, a pesar de las tragedias.


roxana popelka

3 comentarios:

Southmac dijo...

Me parece bien.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Me gusto este relato y su estructura.

Verónica Cernadas dijo...

cómo puede ser... yo también conocí a alguien así, o quizá fueron dos y ahora los mezclo...bueno, se supone que toda literarura pretende ser universal, y creo que nunca los es tanto como cuando uno habla de sus cosas más pequeñas, de la gente que conoció, de sus tonterías que parecen tan dramáticas; es un relato profundamente triste y también esperanzador...me encanta