domingo, 20 de diciembre de 2009

Monólogo

EN EL PARQUE

Un hombre de unos 40 años se dispone a preparar algo de comer. Viste pantalones de pana y un jersey de cuello alto. Estamos en la cocina de su casa. Mientras abre las puertas de los armarios empieza su monólogo...

¿Y ahora qué hago? Doce años viviendo con ella. Somos animales de costumbres. La muy zorra me ha dejado con el muerto de la casa. No tengo comida, tendré que bajar al supermercado. Se ha acabado el paté a las finas hierbas ¿Y si llamo para que me suban la compra?, no, mejor por internet, es más cómodo. ¿Y los niños? ¿Qué hago con ellos los fines de semana? Los tres, paseando por el parque, como si fuera viudo, ¿y si me ven los del trabajo?
No voy a volver a casa de mis padres, eso nunca. Mi madre con depresión y el viejo tan enfermo. Empezaría a contarme, con todo lujo de detalles, sus visitas al ambulatorio; que si el médico le recomendó ejercicio, que si la comida sin sal, que si fuera la copita de vino a la hora de comer. No, me horroriza la idea.
¡Si no estábamos tan mal, Ana y yo! no entiendo qué le ha podido suceder... La comunicación, dice ¿qué comunicación?

Reconozco que soy introvertido y últimamente saco a relucir el tema del trabajo. ¡Qué culpa tengo yo si los del banco no hacen más que putearme!, sobre todo el jefecillo ese dé los cojones, el nuevo que vino trasladado desde una oficina del extrarradio, ¡qué se creerá! Mucho inglés, licenciatura en Deusto, un Master de negocios en Estados Unidos... Huele a Opus. Una secta, eso es, con unos tentáculos de impresión. Los de "La Obra" seguro que lo enchufaron en el banco, si no, de qué. ¡Pero si tiene treinta tacos! Dónde vas hoy con treinta años como jefe de una sucursal. Bueno vale, ya sé que el tío se lo curra, que hace horas extras, que viene todas las tardes y muchos fines de semana. ¡Eso yo, ni loco!, por ahí si que no paso. Que para eso está el convenio. ¡Firmado el año pasado! Aunque Ios de Comisiones son la hostia, negocian lo que les sale de las narices. Están compinchados con los de la patronal, clarísimo. No puedes fiarte ni de tu madre. Pues vale, sí, estoy mal en el trabajo y traigo los problemas a casa. Pero de ahí a separarte por semejante motivo. ¿Acaso hay que estar en silencio y con los brazos cruzados, como en misa?

Si a tu mujer no le puedes hablar de lo mal que estás en el curro, ¡menuda pareja!, para eso voy a ver a un cura y se lo digo todo de tirón. Hay que estar a las duras y a las maduras. También tú me contabas tus obsesiones. O ahora ¿de qué vas? Que si te veías gorda desde el embarazo, que si te gustaría comprarte ropa más ajustada, que si no tenías tiempo para ti. Y yo no decía nada, ni mu. Bueno, a lo mejor era eso, que precisamente no decía nada. Pero qué quieres que dijera. ¿Que te llamara gorda a la cara? ¡Pero si no me importaba tanto, Ana! Es normal. Con los años el metabolismo se vuelve más lento. Lo he leído en una revista especializada mientras iba en el autobús. Y esa es otra. Tú si que cogías el coche para ir al trabajo, y yo, en el puto autobús urbano, que tenía que salir de casa una hora antes. Pero no te decía nada, siempre cediendo, aguantando todo sin rechistar. Y con los niños, ¡no me negarás que me portaba de maravilla! Les compraba pizzas para cenar, los llevaba al cine. En casa no ayudaba, es verdad.

Pero tienes que darte cuenta de la educación que he recibido y del empeño que demostraba. Afán de superación generacional, lo llamo yo. Ahora voy al supermercado. No necesito lista de la compra ni nada. Lo he aprendido todo de memoria. Aunque echo de menos tus anotaciones. ¡Lo apuntabas todo al detalle!, daba gusto. Y la plancha, oye fatal, soy negado. Llevo las camisas a la tintorería. Me las devuelven impecables. Hay una cadena justo aquí, en la esquina. Ya me conocen...

Llama al móvil de su ex mujer. No lo coge. Deja un mensaje en el buzón de voz.

- Hola, Ana. Soy Paco. Te llamaba para saber cómo estas, si necesitas algo. ¿Cuándo vienen los niños? Supongo que estás ocupada acostándolos. Llamaré en otro momento.


Segunda llamada al móvil de su ex mujer. No lo coge. Deja un mensaje.

- Hola, Ana. Soy Paco otra vez. Nada, era para saber cómo estabas. Estoy viendo el telediario. Lo de Irak. Llamaré en otro momento. Imagino que estarás liada con los niños. Sí, es mala hora. Bueno, hasta luego.


Tercera llamada al móvil de su ex mujer. No lo coge. Deja otro mensaje.

- Ana, ¿para qué quieres el móvil si lo tienes desconectado? Te lo regalé yo, ¿recuerdas? Debes tener un buen follón en casa. ¿Por qué no lo coges? ¿Qué es Irene que está enferma otra vez? Si está enferma dímelo y salgo pitando, ¡dímelo, me oyes! Te llamo más tarde.


Cuarta llamada. No lo coge. Deja un mensaje.

- ¡Joder, Anita, guapa! ¿Dónde coño estás metida?, contéstame anda, ¡vale ya de jueguecitos, que estoy empezando a cabrearme! Te llamaré más tarde.


Quinta llamada. Nadie contesta. Deja un mensaje.

- Mira, sabes lo que te digo: ¡que te vayas a tomar por el culo, me oyes!, pues eso. Nada nos une. Así que tú tu vida, y yo la mía. Me llamas por Navidad, si quieres, para desearme felices fiestas. No me importa si no me felicitas por mi cumpleaños. No sé si estaré en la ciudad. Probablemente me iré a un "todo incluido". Un viaje al Caribe, sí. Me pondrán una pulserita de esas, tan ridícula. Pero qué más da... Me eres indiferente, no siento nada por ti. Fueron muchos años los que estuve enamorado. Pero ahora se acabó. ¡No me llames porque no voy a volver! Tuviste una oportunidad, como Los Secretos, y la has jodido. Te lo digo hoy, que es San Valentín, para que te duela. ¿No vas a decirme nada? Peor para ti. Adiós.

Y ahora, ¿qué digo yo en el trabajo?

martes, 8 de diciembre de 2009

camiones y autobuses en toda lapoblación

CON MIS AMIGUITOS EN ACCIÓN!MAD 2009

martes, 24 de noviembre de 2009

De cómo se puede fumigar una ciudad

Un gran coraje


¿Qué pasaría si
fumigásemos la
ciudad, K ?


- Desaparecía-

La ira me reanima
por un tiempo,
proporcionándome
luz y sombra.


Algo perfecto para
el plan que
necesito.


Sirve de pretexto
cualquier cosa;
un simple sombrero
de papel charol
casi descolorido.


He sopesado las
contingencias,
y estoy dispuesto a
correr el riesgo de
dejarme llevar
corriente abajo.

Un saludo


AV/ ISPA

domingo, 15 de noviembre de 2009

De cómo se puede caer en la absoluta melancolía un domingo a las 17:00

Yasmina del Socorro: ¿Mi canción preferida de la infancia? Cómo olvidar a mi madre, mientras cortaba la cebolla en trozos minúsculos, entonar esa de Ritchie Valens:

Oh, Donna, Oh, Donna
Oh, Donna, Oh, Donna
I had a girl
Donna was her name
Since she left me
I´ve never been the same
Cause I love my girl
Donna, where can you be? Where can you be?

¿Sabía que Ritchie no hablaba español por lo que tuvo que memorizar la letra de La Bamba en ese idioma?
y
¿Sabía que era zurdo?
¿Podría decirme el nombre de los otros dos músicos que murieron con el?
¿A qué no sabe el año exacto de su fallecimiento?
Y la última pregunta... es realmente fácil ¿En qué medio de transporte viajaban cuando tuvo lugar el trágico accidente?

sábado, 7 de noviembre de 2009

De cómo se puede celebrar 40 años de Barrio Sésamo

Susana y su hermanastro

Una vez mi hermanastro tuvo un trabajo.
Fue justo cuando dejó el instituto,
trabajaba en una ferretería
luego perdió el trabajo: lo echaron
decía que no le pagaban lo suficiente,
el trabajo no estaba mal: colocar la mercancía que entraba en las estanterías
eso estaba bien, pero pagaban mal
hacía de reponedor, el inventario vamos.
Un buen día le fue a pedir aumento de sueldo al jefe y le dijo que lo despedía
a mi hermano, sí, bueno, hermanastro.
Entonces va mi hermanastro y entra a la ferretería por la noche
con las llaves que tenía,
lo destroza todo,
entra con un palo y empieza a golpear las estanterías, el ordenador,
se lleva parte de la mercancía que había entrado el día anterior: bisagras, enchufes múltiples, tornillos de última generación, artículos de jardinería: todo lo que pilló.
Después de un par de días escondido por el barrio decidió declararse culpable,
fue a la comisaría.
Estuvo dos meses en la cárcel. Lo soltaron con fianza.
Después nunca tuvo un trabajo, nunca más
dice que no puede estar ocho horas de pie en el mismo sitio
dice:
no puedo, sé que no puedo, lo sé.

Sus colegas ganan más dinero trapicheando.
Agotó el paro,
la ayuda familiar.
No le gustaba estudiar
A quién coño le gusta eso.

domingo, 1 de noviembre de 2009

CONDUCIENDO POR LA CARRETERA



Tengo varios mapas de carretera en la guantera del coche, junto a las cintas de música. Escucho a los Talking Heads mientras voy por la A-66 hacia León. P me espera en la cafetería del nuevo museo que han inaugurado en la ciudad. Voy por la autopista de montaña que comunica Asturias con la meseta. Tiene pendientes bastante pronunciadas, algunas del 13%, y varios túneles sin fin. Se hacen eternos. Algunos mal iluminados y con baches, como el Negrón, de casi cuatro kilómetros. Antes de entrar en él un cartel luminoso informa útilmente al conductor: EN CASO DE ATASCO PARE EL MOTOR. La autopista es de peaje. Ahora estoy en el toll precisamente, y busco monedas para pagar a la mujer. La mujer que trabaja en el peaje de la autopista debe de tener unos 25 años. Me saluda sonriendo y extiende su mano izquierda para alcanzar el importe. Tiene la radio encendida, puedo escucharla desde el interior de mi coche. Emiten un programa musical y oigo a Manu Chao. Demasiado comercial, todo se ha vuelto muy comercial, pienso, mientras le digo adiós a la mujer del peaje de la autopista del Huerna. También observo el paisaje montañoso con los picos nevados, y los pueblos de ahí abajo que veo alejarse mientras el velocímetro marca 100 km/h. Y las diminutas casas vistas desde arriba, como piezas del Monopoly. La señal de interrogación blanca sobre fondo azul (una de mis preferidas), me recuerda que puedo apagar las luces. Es una señal precisa. Es poesía visual en estado puro.

Conducir es algo inenarrable. No sólo supone un auténtico ejercicio de libertad, sino de placidez, es como escuchar permanentemente un mantra. ¿Qué puede haber comparable a la sensación de alejarse de un mundo conocido, aunque al mismo tiempo poco analizado desde otra perspectiva? En la autopista de montaña no hay peligro inminente, adelanto camiones y coches a los que ya resulta imposible descifrar su lugar de procedencia. No estoy de acuerdo con la nueva ley de matriculación, así que juego a imaginar el origen de los conductores; ése, de León, aquél que viene en sentido contrario y que va a 130 Km./h seguro que es de Madrid. Ahora me adelanta señora con madre por copiloto. A mi lado, niños alborotando en la parte de atrás y padre cabreado a punto de parar el coche y dejarlos tirados en el área de servicio de Caldas de Luna, que da nombre a un pueblo ejemplar, considerado así en el año 1959. Cruzo el puente de Fernández Casado, tantas veces retratado y expuesto en concursos fotográficos donde lo que se premiaba era la técnica, no el concepto o la sensibilidad.
Ningún paisaje llega a ser igual. Existen matices, a veces insignificantes que lo singularizan. Conducir supone ir a un punto concreto, aunque realmente uno nunca se dirige a un lugar exacto. Conducir es ir extraviándose lentamente.
Llego al segundo y último peaje de la autopista de montaña. A partir de aquí se extiende una inmensa llanura amarillenta con escasas elevaciones. Más allá, inconfundibles fardos de paja listos para cargar. Me desvío hacia León y dejo atrás la salida hacia La Robla, o Astorga donde veraneaba la dividida y filmada familia de los Panero.

jueves, 29 de octubre de 2009

Pequeñas y grandes responsabilidades.

Acción responsable

Comience a coleccionar etiquetas de ropa el uno de enero del año que viene.
A ser posible inicie la colección a las 24:06
Métalas en una caja de cartón e incluya una nota descriptiva de cada una de ellas donde se especifique:

Tipo de prenda
Color de la prenda
Textura
Año de compra
Lugar de compra
Motivo de compra
Duración de la misma
Otras prendas con las que solía combinarla
Qué admiraba de la prenda.
Añada cualquier otra información de interés (si se meó encima, vomitó, manchó de aceite, semen, flujos vaginales o salsa de tomate. Si la olía antes de ponérsela. Si es así describir el olor).
Cuando tenga la caja llena de etiquetas de tal modo que ya no quepa ni una más, llame inmediatamente a los siguientes teléfonos:

Ambulatorio más próximo
Unión Cívica de Consumidores y Usuarios
Defensor del pueblo
Agencia de protección de datos
Asociación de parados de 40 años y más
Soldados y objeción de conciencia
Greenpeace
Teléfono de la esperanza
Alcohólicos anónimos
Registro civil
Hacienda