jueves, 31 de mayo de 2012

YASMINA DEL SOCORRO: TELESERIES



La vieja necesita ayuda para asearse. La meto en la bañera día por medio y le suelto el moño al lavarle el pelo. A ella le gusta que le restriegue bien fuerte; pone cara de contenta. Ahora usa un andador que arrastra por el pasillo. Le recomendaron que camine, por el asunto de la cadera.
Miramos la televisión después de almorzar y ella me dice, siéntate en el sofá. Le pongo una manta de lana sobre las piernas. A veces se recuesta y se queda dormida. Tengo que bajar el volumen, no vaya a ser que se despierte; tiene mal carácter. Me pregunta ¿qué pasó con Mauro, Yasmina? Y le cuento los chismes de la teleserie para que esté al día de los pormenores. Mientras preparo su merienda, viene a la cocina, la oigo por el pasillo arrastrando el andador. Me habla del galán de la novela o de la nueva actriz. No puedo decir nada que ofenda a los protagonistas. Me echaría de la casa. A veces seguimos dos teleseries, pero es demasiado. Mezclamos los personajes y eso no puede ser. Mi marido dice que no es bueno que vea tanta tele. Pero a mi me gustan los romances, imaginarme que eso mismo puede ocurrir de verdad. Aunque es difícil. La vida real es tan diferente, ¿verdad que sí?
A la vieja no le gusta el secador, me dice: Yasmina nada de tecnología, yo me río, es simpática la vieja, prefiere que la seque con una toalla, después se sienta cerca de la estufa y me pide que la peine. Eso la relaja. A veces me cuenta cosas de su marido, que era muy maniático con la comida, o que la ropa nunca estaba planchada a su gusto. Yo me quedo callada y dejo que siga hablando. Repite las cosas tantas veces que me enreda y luego no recuerdo dónde dejé las tijeras para cortar el pescado, o si pasé la escoba por la terraza. No vaya a ser que se de cuenta, entonces la vieja me rezonga y me dice: Yasmina,  ¿esto qué es? A mi me da apuro y hasta paso vergüenza. La vieja sabe humillarme. Me deja en evidencia y a veces lo hace delante del conserje, eso sí que no me gusta.    


Si me preguntaran si soy feliz con la vida que me ha tocado, no sé qué diría.
Tendría que pensarlo bastante.

¿Qué me gusta de España?
 pregunta difícil, pues
 Creo que tengo una gran suerte de vivir acá
¡Qué suerte tengo de vivir en Madrid!
No hay pobreza,
en España no hay pobreza,
 en Madrid no hay pobreza.
Viva Madrid,
Viva España. 

      

viernes, 27 de abril de 2012

NECESIDADES TÉCNICAS




NECESITAMOS escaleras
pequeñas,
necesitamos niños
que contemplen esas escaleras
BONITAS,
desde la ropa
mojada, tendida
En un espacio
ABIERTO, adecuado, que podía ser el siguiente:

-Bares de 3x4
-Bares prefabricados con cierre velcro
-Locales abiertos/ventilados 24 horas
-Miradores hacia la nada
-Snake under a strong halo
-Fluir con mayor naturaleza
-Un realismo cínico
-Mucho color rojo
      -Mucho-
 sin connotaciones.

Necesitamos casas sin
Photoshop
en nuestra PUTA cultura
occidental, apuntando a una
acción de teleserie,
en background,
con referencias a
la Luna, a las
centrales térmicas, a las
hidráulicas.

Recorriendo los tubos dentífricos
de los viajeros
sin facturar.

Ahora he de dejaros un momento,
EPSON me llama desde su trabajo
de campo.
Epson es utópico, soñador,
Epson es como Matta-clark
que agujerea las casas,
las parte por el eje
las desplaza desde la
periferia con todo su
poderío
Las coloca en la tierra a que graviten por sí mismas
¡COÑO, ale!

Inutiliza las parcelas de la ciudad abigarrada
de
calles con olor a glamour, como un
vulgar reportaje de
Vogue.
Eso es lo que quiere Epson,
        yo, no.


viernes, 13 de abril de 2012

DANIEL: EL MISMO RECORRIDO



Llego al instituto,
cuelgo el abrigo en la percha de la sala de profesores.
No hay nadie, mejor, así evito los buenos días.
Cada día ese saludo obligado te sienta peor.
Eres un maldito descreído y nihilista embutido en una parka verde.
Te gustaría dar un vuelco a tu vida,
aparecer con otro abrigo,
de otro color,
otro peinado,
pasearte en dirección contraria
como músico,
como pintor.
Yo qué sé.
Dejar de parecerte tanto a ti mismo.

Voy directamente a la máquina de café,
meto dos monedas de 20 céntimos de euro y dos monedas de 10 céntimos de euro.
Total, 60 céntimos por un vaso de chocolate.
Una máquina inteligente colocada en el extremo del pasillo que me da las gracias por elegir un producto. 
Revuelvo con el palito blanco que aparece dentro del vaso,
se hunde en el interior del líquido espeso,
intento sacarlo,
me quemo,
me cago en Dios.
Lo tiro en la papelera de la sala de profesores.

Un tipo con pantalones de pana grises,
cara de pocos amigos,
ojeroso,
zapatillas Decatlón: 
el de matemáticas.
Me da los buenos días.
Se activa la amabilidad claretiana incrustada en mi cerebro desde los tres años.
Ojeo el periódico,
me dejo la piel dentro del conflicto de Gaza. 

Sonrío al saber que la industria del porno americana solicita al gobierno ayudas públicas para superar la crisis.
Y no contesto. 

(fragmento de la novela: preparados, listos, ya).

miércoles, 4 de abril de 2012

CÓMO LOS ALUMNOS PASAN POR COMPLETO DE LOS CONSEJOS CULTURETAS DE DANIEL. SIMILITUDES INEXPLICABLES


Tenemos que ir a ver a Bacon, 

les digo a mis alumnos,

y ellos

se cagan en Bacon.

Les explico quién era;

que era un pintor irlandés

y tal,

se lo digo en inglés

y no me hacen caso,

se ríen,

creen que les estoy hablando del embutido,

del bacon,

ya sabes.

Se creen graciosos

pero estos chavales de la ESO 

no tienen gracia

sólo quieren saber cómo se gana una buena pasta sin dar golpe.

Joder,

ya me estoy pareciendo al resto de los profesores del instituto

y es algo que odio.

Parecerme a Rocío,

parecerme al director.

 Les hablo con buenas palabras,

con buenos sentimientos.

Intento ser honesto,

decirles: esto es lo que hay, chavales,

la vida es injusta.

Les digo que la estabilidad económica es un invento:

un invento de las multinacionales,

de la Ford,

de los banqueros,

de los paraísos fiscales,

de Tele Pizza,

y no me creen.

Y quieren dejarme solo en clase

para ir a las jodidas rebajas.

 

(Fragmento de la novela  Preparados, listos, ya)

viernes, 16 de marzo de 2012

DANIEL Y LAS CONCENTRACIONES MODS


   Daniel, el nuevo de filosofía, llega con un jersey de lana azul; parece un suéter tejido con cariño. En el metro mantiene el equilibrio sin sujetarse al agarrador a la vez que hojea un periódico gratuito que reparten al entrar. Suele empezar a leer  por el final, eso le proporciona tranquilidad. Al bajar del vagón deja la prensa en un banco y guarda cola, como los demás, para subir por la escalera mecánica. Podría optar por la escalera fija pero con toda probabilidad piensa que a esa hora de la mañana el ejercicio no es sano. Adormilado, se coloca detrás de una adolescente uniformada con una minifalda de cuadros que le dice a su amiga: hoy tampoco llegamos. Daniel es de Pedraza, Segovia. Lleva tres meses en el instituto. Antes trabajó en Toledo, Ávila y Valladolid. Quería acercarse a Madrid, por su novia, que le reprochaba la distancia y los gastos del autobús y que en primavera, sobre el 20 de abril, se encerrara a preparar las oposiciones para ser fijo. Eso le molestaba y que no pudiera ir al  Euro ye-yé, o al Purple Weekend a escuchar a tantas bandas tocar: The Teenagers, The Attacks, ni tampoco a los mercadillos y así poder comprar vestidos baby-dolls en un intento desmedido por acumular el ajuar propio de las concentraciones mods. Fiestas, las de Gijón o León, con mucho ritmo y alcohol. Su novia deseaba que Daniel consiguiera de una vez una plaza en propiedad para pensar con tranquilidad en los gastos del temido alquiler. Replantearse el futuro y dejar de ser dos almas sin rumbo en la vida.
Pero ocurrió que dejó a Daniel por uno que conoció en el festival The Beat goes on. Desde entonces Daniel vive solo en Madrid, en un estudio cerca de la estación de metro Carabanchel. Es una casa de protección con un patio rectangular. En verano sus vecinos salen a jugar a las cartas o a la petanca, son todos viejos menos dos que son de Chequia. Vinieron a trabajar en la construcción, ahora con la crisis les da por pensar que mejor volvían a su ciudad. Buena parte de los habitantes de Madrid tienen sueños idénticos; aparecen en playas de arena fina lejos de la ciudad, donde no hay volumen, ni decibelios. Tumbados, esperan a la misma ola llegar. Y mientras aguardan a que suceda el milagro, llenan los balcones a reventar de chismes inservibles que luego nunca utilizarán. A otros les da por el cerramiento; quieren aprovechar espacio para colocar el ordenador portátil del chaval. 
Daniel evita la cafetería del instituto. No busca mezclarse con el director del departamento ni agradar al jefe de estudios: es un interino con mucha dignidad. Los martes de 11.00 a 12.00 tiene permanencia en la biblioteca. Aprovecha el silencio sepulcral y busca en la estantería, letra f, una novela de Richard Ford El periodista deportivo. Va por la página 50; no usa separador, y del libro de Ford salta a Pecados sin cuento del mismo autor. Los martes está claro que toca monográfico de Richard Ford. Daniel está sentado con el abrigo puesto. En la biblioteca nunca encienden la calefacción. Lo justifican por la escasa afluencia de alumnos, dice la secretaria, así que no hace falta gastar en el radiador, por eso Daniel los martes, cuando tiene permanencia, lleva una placa eléctrica; la arrastra desde la sala de profesores. Va rodando con ella por el pasillo y el abrigo puesto; esa  parka verde en plan mod.
Es una historia extraña, probablemente no vuelvan a ver a Daniel. Lo mandarán a otro destino, otro instituto diferente donde tampoco habrá calefacción en la biblioteca, y Daniel arrastrará una placa hasta allí, los martes, o los miércoles. Con esa parka verde que le queda de maravilla. Escuchando a Los Elegantes en horas de permanencia y quien sabe si pensando en Quadrophenia:

Roxana Popelka
Fragmento de la novela: preparados, listos, ya. Próxima publicación.