martes, 16 de abril de 2013

NURIA Y HÉCTOR. LA NIEVE


















NURIA: ¿Tienes frío, si quieres te dejo mi cazadora?

HÉCTOR: No, deja. Mira que no traer abrigo.

N: Ya, quién iba a decir que nos iba a caer esta nevada.

H: Una nevada en abril, después de estar a 17 grados la semana pasada.

N: El cambio climático se nos atraganta. Parece el fin del mundo; desaparecemos como civilización.

H: Desaparecemos antes que el euro.

N: Imagínate que fuera cierto que alguien nos dijera que nos quedan dos días, sé que es muy cinematográfico pero ¿qué harías, adónde irías?

H: No sé, probablemente no me movería de aquí. Iría al bar ese donde hay una máquina de música y metería monedas sin parar.

N: Entonces como colofón te daría por cantar.

H: Por correr seguro que no. ¿Tú, qué harías?

N: Ya que estoy aquí en la carretera empezaría a caminar hacia allá, sin dirección, como los esquimales. Me alejaría para verlo todo desde más lejos.

H: ¿Me dejarías aquí solo?

N: ¿No ibas a quedarte en el bar con el jukebox? O mejor podías escribir ¿por qué no escribes una carta de despedida?

H: ¿Y a quién iría dirigida?

N: Una carta de amor dirigida a una amada anónima, a todas las mujeres del mundo en plan amor global.

H: La redacto gratis, entonces.

N: Es algo voluntario, sin contrapartida, como el amor. Un acto romántico para un momento crítico y sublime. Como aquella carta que me escribiste en ese tono en plan vida o muerte, algo que sea demodé, como el amor cortés. Y vas y la dejas en una botella.

H: ¿Y eso tiene sentido?

N: Claro, es la respuesta a nuestra época de incertidumbre y desconfianza. Vas y te despides con una carta, toma ya.

H: A ver cómo lo ves así:
No sé qué piensas, no sé qué quieres ¿Por qué estás conmigo? ¿Acaso soy la última esperanza? Ya sé que es absurdo pero yo te quiero, creo en el amor, no quiero que estés conmigo por utilidad, por relleno. Dime que me quieres, no hagas que sufra (otra vez) otra vez.
Ahora te busco, te busco contra ti, en ti, dentro de ti, absolutamente dentro de ti.
No puedes creer que te amo, porque da la risa, ya lo se…
Pero yo… yo siento profundo, inspiro y trago tu nombre (Hey) Sólo pienso en ti.
Puedes pensar que en la noche solo rebusco entre los recuerdos tu imagen, tu voz, tu cuerpo desnudo.
No sientes esta sensación, este estar bien, este dar…

N: Genial, si llega a leerla alguien, alucina, es tan anacrónica.

H: ¿Tú crees en el amor, crees que puede existir el amor en este tiempo?

N: Pareces un personaje de La rodilla de Clara

H: Sí o no.

N: No sé qué contestar, no me dejas muchas alternativas.
Es tonto seguir pensando en ti, o pensar en nosotros. El tiempo ahora es como el microondas calentando la leche: no hay tiempo. Una película casi dura tanto como un curso del instituto.

H: Y un beso es un año de vida. ¿Piensas que una pareja es como un yogurt bio para hacer tu vida más saludable?

N: Ya no podemos pensar en nada de eso, ya hemos empezado a construir.

H: El amor salva al mundo, eso dicen los evangelistas  en sus furgonetas blancas.

N: Hay muchos tipos de amor. Anda, escribe la carta esa, dale al género epistolar, ya verás en qué se quedan los whatsup.

H: ¿Qué le dice un chico a una chica de 17 años, crees que hablan de amor?

N: No creo que sean tan románticos, no hablarán de promesas ni de cosas de esas.

H: Es que hoy qué van a prometer, las palabras se las lleva el viento y más las del twitter.

N: Se prometen en el viaje de estudios y luego, cuando el autobús dobla la esquina de la parada, ya, ni se conocen, eso sí que es un avance.

H: ¿Hablas de ellas o de ellos?

N: De todos.

H: ¿Y tú me seguirás queriendo igual, sin dinero?

N: Te querría con incisos, a trompicones.

H: Como cuando te encuentras tropezones en la sopa de marisco.

N: Es una prueba dura, lo es.

H: Pues es que ayer me despidieron.

N: ¡Qué me dices!

H: Me llegó la carta del despido. A los interinos no nos van a pagar durante el verano, ya somos menos que nada.

N: Tranquilo, lo teníamos hablado, ya lo suponíamos.

H: Sí, pero del dicho al trecho… No es lo mismo suponer que ver como no entra el dinero en la cuenta. Las facturas van a seguir llegando.

N: Ya sabes, no es más rico el que más, sino el que menos…

H: Y Dios proveerá, no te jode. Tenemos que empezar a recortar gastos.

N: Pues no sé de qué, si no gastamos nada.

H: De ahora en adelante, nada de cine y nada de viajes, y nada de cenas con amigos, y nada de ir a la peluquería; el pelo te lo corto yo, y… me voy a dejar melena.

N: Y nada de vino para comer y nada de comprar libros, y olvídate del periódico de los domingos. Y te dejas barba, que las cuchillas son muy caras.

H: Nos hemos convertido en la auténtica Generación beat, somos como el escarabajo de La metamorfosis, nos despertamos y nos caemos al suelo patitas arriba y no sabemos cómo darnos la vuelta.

N: Nos falta un cantautor que nos sirva de referencia.

H: Sí, pero que tenga 40 años como máximo.

N: Y que viva en una vivienda de protección.

H: O en casa de sus padres.

N: Hacen falta más Violadores del verso y que toquen en las escuelas concertadas.

H: No sé si el paro llegará a dos años, y después qué.

N: Tal vez se acabe el mundo, anda, escribe una frase de esas, de esas de amor, en plan epitafio.

H: No estoy para historias de amor. Recuerdo una vieja pintada en el muro de una fábrica: El odio nos hará libres.

Imagen Natalia Pastor
Texto Roxana Popelka y Juan Carlos Suárez

1 comentario:

Jorge Ampuero dijo...

Me gusta. Por aquí violamos los versos.

Saludos ;-)