lunes, 21 de septiembre de 2009

Mientras me repongo de los cuentos berlineses, y de cómo dejo huellas de la novela por el piso mojado.

Mis vecinos, los de la puerta C, vienen cargados con la compra de toda la semana. Comienzan a discutir por el pasillo, esta vez por el asunto de la gasolina. Él dice que no vuelve a llenar el depósito, ella le amenaza con dejar el coche en el garaje toda la semana. Él dice que ni hablar, que el coche es para usarlo. Suben la voz cada vez más. Están gritando. Los vecinos de la puerta C se mandan a la mierda, se dicen: no te aguanto más, y pegan un portazo. El niño de los vecinos tiene 4 años y no sé cómo se llama, se podría llamar Adrián, David, Pelayo. Aunque también Daniel, Óscar o Jonathan, pero no sé cómo se llama. Mi hija lo llama fantasma. Dice: ése es el niño fantasma.

(fragmento de Todo es mentira en las películas. [una parte no es igual a todas sus partes, no necesariamente].

3 comentarios:

Javier Belinchón dijo...

Me leí este verano tu novela. Está muy bien. Es bastante dura eso sí, pero ahí está su encanto.

Besos.

Jorge Ampuero dijo...

Interesante.

Saludos...

la chica de la Vespa roja dijo...

Te descubrí en 23 pandoras. Me gustó lo escrito y descubrí en una pequeña reseña biográfica que eres de Gijón. Entonces sentí un poso de esperanza. Tengo 18 años y me queda mucho que escribir, mucho camino por andar, empiezo filología hispánica este curso en Oviedo.

Trato de avanzar pero el medio no da muchas oportunidades, algún concursillo, fotocopiar en casa los relatos. Supongo que has pasado por todo eso, conservando la fuerza, caminando hacia delante.

Buscaré tu novela, de seguro en la librería Paradiso podrán facilitármela.

Te agradecería un paseito mi blog y una opinión sincera.

Gracias, Roxana.